miércoles, agosto 6

Más que nada...


Más que nada me preocupa que no podamos ser generosos. Que nuestros días lleguen y se vayan, sin que hayamos podido darnos cuenta de nuestro yerro.

Estamos en la realización del amor, de la contemplación mutua y el alma se llena de ánimo para buscar un mejor puerto. Un lugar solitario en que solo nos podamos ver el uno al otro.

En esta perspectiva todo brilla y sin embargo podría ser solo un espejo que se nos entrega a cambio de nuestras más hermosas piezas de oro. El alma misma queda sin su realización más profunda, sin que la donación plena dé fruto.

Este vaivén de dichosa desventura nos mantiene en un estado de alegría frenética, que solo sabremos conjugar cuando la espada llegue a nosotros y seamos uno solo en más de mil personas.

3 comentarios:

luis dijo...

Tienes razón, un grave preligro hoy es que el amor se descafeína de entrega, de donación y se transforma en sinónimo de utilización del otro, que viene a convertirse en objeto de uso, en instrumento de placer, que se usa en cuanto apetece. El cuerpo personal se “cosifica” y las relaciones amorosas se convierten en condicionadas, incluso entre los propios esposos, en muchas ocasiones, no se quiere asumir al hijo como lógico fruto de la entrega.

A los jóvenes de hoy, al “venderles” el amor como placer, les negamos la posibilidad de trascender esta mera sensación y convertirla en sentimiento y en verdadero amor.

No es extraño que al verse convertidos en “cosas”, nuestros jóvenes, que por naturaleza tienden a la felicidad, pierdan el interés por la vida.
Un abrazo
maría Jesús

patzarella dijo...

qu'e bonito !!

kay dijo...

la donación plena ya es en si misma fruto...o no?